Par

Suena el despertador, abro los ojos despistado y al instante mi pensamiento traspasa la pared y se cuela en la pequeña habitación contigua. De la misma manera que todas las mañanas de los últimos 16 meses y 21 días. Entonces suspiro aliviado al recordar que la noche anterior la dejé llena de vida. Estamos en semana par.

Un rato después salgo de casa asiendo dos pequeñas manos, una a cada lado. Una un poquito más pequeña que la otra. En apenas unos metros pasamos delante de un colegio que no es el nuestro, pero que tiene la misma energía. Ójala mantuviésemos ese entusiasmo con el paso de los años, pienso.

Ha llovido, y la calle peatonal que nos guía hacia la parada de autobús parece un espejo. Veo el autobús 94 a lo lejos cruzando el Pont de Fusta, así que tiro de las dos manitas y las llevo casi al vuelo para no perderlo. Las niñas no entienden de prisas. Ójala no tuviésemos que entenderlas nunca, pienso.

Hoy no nos toca sonrisa del conductor al subir al 94. Mala suerte. Pero nos centramos en el siguiente hito, que es conseguir una silla verde. De las que tienen dibujitos en el respaldo. Y luego en ver la mano rosa de la tienda de dormitorios para niños unas paradas más allá. Y luego en no perdernos el parque de la Glorieta. Los conseguimos todos. Somos así. Ójala no perdiésemos nunca la ilusión por ese tipo de cosas, pienso.

Al bajar del autobús, como vamos bien de tiempo, podemos elegir si cruzamos por el Pont de les Flors o por abajo. Hoy toca puente. La pequeña va recogiendo las flores que han caído al suelo. Y me las regala junto a su dulce sonrisa. Algunas están pisadas, sucias, maltratadas por la intemperie, pero para nosotros son las más hermosas que han existido jamás. Me las guardo en el mismo bolsillo donde ayer guardé otras.

Y al fin llegamos al cole. Y ya quieren soltar mi mano para salir corriendo a reunirse con sus pequeños amigos. Las dejo ir y las observo durante un rato. Lanzo las flores al aire y las veo seguir el flujo del viento. Y me voy caminando pesadamente con las manos en los bolsillos, pensando que ójala no existiesen las semanas impares.

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3 Comentarios

  1. Rafael Barroso

    13 febrero 2020 at 22:19

    Este relato no necesita descifrarlo. Sencillamente precioso.

  2. Me encanta. No da mucho que pensar. Es tan real…….

  3. Esas niñas son las florecillas al aire que van en el flujo del viento 😉
    Bonito relato

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