Le confesé a mi padre lo que había hecho, justo después de apagar el motor del coche. Confundido, se miró la muñeca derecha y encontró su nombre y apellidos impresos en una pulsera blanca.
—Pero hijo, ¿dónde estamos ahora? —me preguntó inquieto.
—Papá, justo ahí me traías a pescar hace ya muchos años. —señalé al frente.
Algo cosquilleó su memoria. Sonrió y sin apartar la mirada del muelle me apretó la mano como nunca antes había hecho. Haberlo sacado a hurtadillas del hospital le pareció la mejor de mis travesuras.

Please follow and like us:
error